LA ROSA DEL DESIERTO: MITOLOGÍA ANCESTRAL

La_rosa_del_desierto_Cover_for_KindleLA ROSA DEL DESIERTO: MITOLOGÍA ANCESTRAL

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Es un libro muy especial, mágico y sorprendente. He reflejado en esta obra literaria, mitología de antiguos pueblos iniciáticos: egipcio, esenio, tibetano, hindú y bereber.
Es un canto alegórico, repleto de bellas metáforas sobre la libertad e inmortalidad del alma. Hablo sobre la reencarnación del alma y su liberación final en el nirvana.
El libro está impregnado de mensajes y simbología oculta en su interior, en cada frase se halla una bella metáfora con un sentido sutil y mágico.

“La rosa del desierto” es la rosa de Jericó, símbolo del espíritu puro y sublime del desierto; representa, metafóricamente hablando, el espíritu, la esencia y la belleza inmortal del alma. Es la flor del renacimiento, de la reminiscencia, de la transmigración e inmortalidad del alma humana.
Jericó, una ciudad antiquísima, más de 10.000 años de historia, situada en el desierto de la antigua Palestina, impregnó la memoria histórica del inconsciente colectivo con diversos recuerdos ancestrales.

El mundo es una red de cuerdas invisibles, red de Indra; en cada intersección hay una perla, espejo de las demás.
En el universo existen sincronizaciones, redes de cuerdas invisibles que conectan a todos los seres entre sí, y a cada ser con la memoria colectiva universal o inconsciente colectivo. Es una red de cuerdas de seda que se expande al infinito en todas las direcciones y que contiene en cada intersección una perla de gran brillo que refleja sobre sí cada una de las perlas de la red, y así sucesivamente, como espejos hacia el infinito.
Recientes investigaciones apuntan a que el universo pudiera ser como una sala de espejos en la que la luz viaja a través de un universo pequeño, creando una cadena de imágenes y reflejos aparentemente infinita.
En esta red de cuerdas invisibles o red de Indra podría hallarse la explicación a la similitud existente entre las creencias egipcias y culturas iniciáticas posteriores que captaron del inconsciente colectivo universal esas creencias y mitología del antiguo Egipto.

Después de estudiar dos meses Egiptología con la Universidad Autónoma de Barcelona, he concluido que en mi libro no sólo reflejo ficción, sino cuestiones muy reales basadas en hechos históricos.
Todas las culturas iniciáticas ancestrales se basan en la misma fuente originaria, Egipto.
Existían diversas escuelas herméticas en las antiguas culturas iniciáticas. En todas ellas se enseñaba los mismos conocimientos, los estados luminosos de la mente, y cómo manejar el tiempo circular para crear tu propia realidad. Eran escuelas herméticas, iniciáticas de auténtica sabiduría, en continua búsqueda del conocimiento y de la verdad.
En el antiguo Egipto, estas escuelas eran denominadas las Casas de la Vida, eran verdaderos centros del saber, algo similar a lo que hoy entendemos por universidad. Eran focos de conocimiento, por excelencia, donde se encontraban los hombres más sabios, ávidos por cultivarse, y más religiosos del país. Su acceso, como en todo colegio iniciático del mundo antiguo, era evidentemente restringido y selectivo. Reservado, tan sólo, a aquellos amantes de la sabiduría, ávidos de aprender, que estaban dispuestos a comprometerse solemnemente con la hermandad de iniciados, jurando emplear su ciencia exclusivamente para el bien común, es decir, al servicio de Maat, y a no utilizarla jamás en beneficio propio, como bien refleja el solemne Juramento Hipocrático, que hasta hace poco realizaban obligatoriamente todos los médicos y cuyo origen podemos remontarlo hasta el antiguo Egipto, que fue cuna de la medicina griega.
Las Casas de la Vida más importantes fueron las de Heliópolis, Sais, Memfis, Hermópolis, junto con las de Abydos y Tebas en el Imperio Nuevo.
Estos colegios iniciáticos constituían verdaderos templos de la sabiduría, cuya finalidad no sólo era estudiar y comprender el universo, sino que dichos conocimientos sirviesen al hombre para vivir en armonía con las leyes naturales, de acuerdo con el orden cósmico de la existencia, al que ellos llamaban Maat.
En suma podríamos definir a Maat como el orden natural de las leyes cósmicas, Maat es la causa de todo orden, de toda belleza, y armonía en el universo. Para los antiguos egipcios, Maat era la condición óptima que podían alcanzar todos los seres, la realización definitiva de la propia Naturaleza. Cumplir el Maat significa hallarse en armonía con uno mismo y con el universo; una armonía cósmica, una regla de conducta a seguir por el hombre.

En “La rosa del desierto: Mitología ancestral” hago referencia a diversas cuestiones de la cultura egipcia como el famoso mito osiríaco, el culto al dios Sol, las divinidades egipcias y su mitología, las estrellas circumpolares y constelaciones.

En la antigüedad había dos ciudades importantes donde se rendía culto al dios Sol, una estaba situada en Egipto Heliópolis, y otra estaba ubicada en las colinas de Judea, la ciudad de Beit Shemesh o Casa del Sol Naciente.
Heliópolis, la ciudad sagrada del sol en el Imperio Antiguo, era el principal centro iniciático, de enseñanzas de esa época. El templo principal de Heliópolis estaba dedicado a Ra, el dios Sol, en particular a Ra-Horus del Horizonte, el halcón dios Sol del antiguo Egipto.
Otro templo en Heliópolis “La Mansión de Bennu” (fénix), en cuyo interior se encontraba una piedra meteórica sagrada denominada Benben, que simbolizaba el túmulo primitivo de la creación, estaba consagrada a Ra- Horus (sol naciente).

La piedra Rosetta, una piedra basáltica de granito negro que encierra un decreto. El decreto aparece en tres escrituras distintas: el texto superior en jeroglíficos egipcios, la parte intermedia en escritura demótica y la inferior en griego antiguo.

Las pirámides están orientadas hacia las constelaciones y estrellas. La entrada de las pirámides está situada al norte. En la cultura egipcia el norte representa la salida del difunto hacia el Más Allá, hacia las estrellas circumpolares.
La estrella Mióstenes representa la estrella más brillante del universo, es decir Sirio. El primer amanecer de Sirio era muy importante para los antiguos egipcios ya que simbolizaba el renacimiento de Egipto. En mi libro hago referencia a ésto, véase constelación de Perseo.

Todo está interconectado en el universo con redes invisibles. Existe una conexión estrecha entre todos los pueblos iniciáticos ancestrales. Es una conexión en cuanto a creencias, conocimientos, sabiduría, pensamiento, cultura y mitología.
Véase la sutil conexión entre la diosa Isis, gran diosa madre, madre de la libertad, diosa de la maternidad y diosa egipcia de la magia con María, madre de Cristo.
Isis concibió a su hijo Horus, de manera mágica, así como María concibió a su hijo Cristo.
En la antigüedad, Isis fue venerada en todo el mediterráneo del mismo modo que, actualmente, es venerada María.
Los antiguos cristianos en Egipto se llamaban coptos y adoptaron parte de la cultura egipcia y sus creencias. Entre ellos se encontraban los esenios; es posible por lo tanto que los conocimientos de esta comunidad procedan de las escuelas iniciáticas del antiguo Egipto.
La sagrada familia vivió en Egipto, es posible que Jesús se formara en estas escuelas herméticas de sabiduría y conocimiento, denominadas escuelas de la vida.

En mi libro “La rosa del desierto:Mitología ancestral” hablo del despertar del pueblo esenio, a orillas del mar Muerto, en Qumrán. Un despertar a la verdadera iluminación, a la suprema verdad y sabiduría universal.
En el desierto de Judea, junto al mar Muerto habitaba la antigua comunidad esenia. Vivían en cuevas, aldeas y monasterios como el de Qumrán. Hubo una migración de miembros de esta comunidad a tierras de Egipto. Hacia el año 150 a.C. surgen como una verdadera religión. Eran conocidos como “los Hijos de la Luz”. El historiador Flavio Josefo nos dice que constituyen una hermandad similar a los pitagóricos y que habían renunciado al placer y a las riquezas de la vida. Tenían todos sus bienes en común, todos debían contribuir con sus trabajos y en retribución, nunca debían de carecer de lo necesario. No había entre ellos ni esclavos ni señores, pues apostaban por la fraternidad. Estudiaban las Escrituras tratando de aumentar en el conocimiento profundo de la Verdad, iban siempre de blanco, y su vida estaba siempre presidida por un alto nivel de disciplina. Los esenios habitaron en la llamada “Ciudad de la Sal”, lugar inhóspito en el desierto de Judea, junto al mar Muerto.
La comunidad fue reorganizada por un personaje llamado Maestro de Justicia y continuó en el desierto hasta el terremoto que produjo graves daños en toda la zona, en el año 31 a.C. algunos grupos volvieron al Mar Muerto para luego desaparecer en la historia.
Los documentos hallados en Qumrán, han puesto sobre la mesa su importantísimo papel en el que se inspiró el cristianismo primitivo.
Qumrán, a unos 17 kilómetros al sur de Jericó era su lugar principal en Palestina, pero estaban por todo el país, y también en Egipto donde tenían su sede más importante en los alrededores de Alejandría; próximos al Monte Moria o ha Heliópolis según otros.
Los sectarios de Qumrán se reconocían a sí mismos como el “grupo” puro de Israel, como la Nueva Alianza. Sus miembros practicaban ritos similares al bautismo de la primitiva comunidad cristiana y marcaban las frentes de sus iniciados con el signo de la X (cruz de San Andrés) se creyó que representaba la letra inicial de la palabra griega Xristos, pero la práctica efectiva de señalar al iniciado “elegido” era la misma.
La fuente de Moisés fue Egipto y los iniciados esenios aprendieron de esta misma fuente. No cabe ninguna duda de que la orden de “los hijos de la luz” era una orden monástica, y una orden iniciática.

En mi libro también hago una referencia continua a las montañas sagradas del Himalaya. Existe un mito de Creación del Himalaya. En todas las mitologías aparece esta cordillera del Himalaya, simbolizando la cercanía de sus cumbres al techo celeste, es decir al universo.
En las creencias egipcias, el Más Allá es considerado como un valle, atravesado por un río, y una cordillera que separa este mundo con el Más Allá. El Himalaya es un símbolo vivo de esta cordillera que separa el umbral de esta realidad existencial con la vida existente después de la muerte.

Todas las creencias, vivencias y sueños de todos los seres quedan impregnados en el sutil plasma del universo, en la energía sutil que nos rodea.
Ahora está de moda la teoría de la llave del Quantum, del universo cuántico. Los deseos, sueños, pensamientos, historias sagradas, creencias de una persona pasan a su subconsciente, de ahí pasan al inconsciente colectivo. Una persona sensible es capaz de captarlos y plasmarlos con su arte creativo a través de la pintura, escritura, fotografía, escultura, música, etc…
La conexión cuántica explica el fenómeno de la sincronicidad y el poder de crear nuestra propia realidad.

El despertar de nuestra conciencia se encuentra en nuestro atmán, en nuestro propio Yo interior. La verdad y la sabiduría no se hallan fuera de nosotros, sino en nuestro interior.
El silencio, el estudio, el conocimiento, la calma, el amor universal, la liberación de los apegos y aferramientos nos ayudan en este camino de continua búsqueda de la felicidad suprema.
Los demás son maestros para nosotros, auténticas perlas, espejos de nuestro Yo interior.
La vida es un continuo aprendizaje, una escuela a la que venimos para solucionar el karma de vidas pasadas.
La vida es una rueda incesante de sufrimiento, de continuos renaceres en el samsara. Si en esta vida no solucionamos lo que venimos a aprender, volveremos a renacer en otra vida posterior.

Debemos volver a la fuente de nuestras raíces ancestrales, no dejarnos llevar por los mensajes subliminales creados por el nuevo orden mundial, ya que ocultan la auténtica realidad existencial en la que vivimos.
Debemos recordar siempre el inmenso poder del verbo, del arte dulce y bello de la palabra, capaz de crear nuestra propia realidad con decretos positivos.

Este libro de bella prosa poética “La rosa del desierto: Mitología ancestral” convoca la vida, pero también el Más Allá; la guerra pero también la ternura; la soledad pero también la alegría; el desamor pero también el amor sagrado. Un amor inmortal, un amor espiritual, entre dos personajes históricos Jesús Cristo esenio y María de Magdala.

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Acerca de palabrasdeluzypaz

Soy un espíritu libre poeta, enarbolando la bandera de la paz y libertad, en este universo existencial. Vivo en el eterno presente, aquí y ahora, bajo el poder del amor, sin la incertidumbre del mañana, sin la esclavitud del nuevo orden establecido mundial. Maika Etxarri Escritora, poeta, blogger y fotógrafa Autora del libro: La rosa del desierto
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