Madre estrella del viento (La rosa del desierto)

Madre estrella del viento

Tú, madre, te sentías hija de la luz del sol y de la luna en la constelación suprema de Perseo. Amante dulce del universo, prometida divina del eterno fuego sagrado. Madre, rosa bella del desierto de Judea, musa inspiradora de los dioses poetas del Olimpo. En tu divina inmortalidad, eras diosa india de la aurora boreal. Y en el Camino Óctuple hacia el Moksha, eras pétalo de rosa pasión, entre mantras sánscritos de metal, entre rebrillos de soles despiertos.
Y tu esencia yacía durmiente, entre tenues y sutiles armonías celestiales, entre músicas relajantes de extraños ululares. Como crisálida hialina, de mariposa irisada, reposabas, entre lechos de hojas de lluvia fina, entre aguas calmas, entre sedas suaves de terciopelo raso.
Abrazabas el espíritu del árbol sagrado de neem, para purificar tu atmán interno del intenso aferramiento, del apego, orgullo, odio y deseo. En tu inefable universo, transmutabas brisas de cálidos vientos, en llamas violetas de hogueras de sueños. Transferías tu conciencia a una garza dorada, a un cisne plateado, en la claridad matinal del jardín del Edén.
Eras luz primaveral hacia los cuatro puntos cardinales, con el sol naciente, de Oriente a Occidente. Maestra ascética espiritual, corazón amante esenio, en Qumrán.
Madre, eras tulkú compasivo, rumor dulce, como el agua de un río calmo, en la rueda incesante del karma, en tus múltiples existencias humanas. Alma bodhisattva, en el sendero hacia el Nirvana.
En el antiguo Egipto, fuiste princesa esclava, y diosa faraónica de la magia. Viajera infatigable, águila roja divina en el tiempo inmemorial.
Y en tu dulce inmortalidad, danzabas con los vientos de Shiva, para crear bellas poesías al alba, entre susurros de aguas bravas. Rebrillos de joyas de loto fluían, como cascadas de luces divinas, bajo los cielos eternos de Kashmir.
Eras estrella del viento, flor de luna roja, lirio y rosa, en el atardecer de mis sueños dorados.
Y tus anhelados sueños desbocaron en un letargo inesperado, por la ausencia de tu fiel amado. No pensaste jamás en olvidar su presencia, deseada e inmortal, en el eterno inconsciente, entre bellas armonías de cuencos de metal.
Eras nardo índico de Betania, susurro bello del Corán, letra sagrada de la Misná. Eras baño purificador de néctar, entre dulces sueños de azahar. Eras esencia pura, buscadora de la verdad.
Y tu alma pura, inmaculada, viajaba hacia las verdades sutiles del atmán, entre dianas de arcos y flechas espirituales, entre impetuosas olas de cristal. Destellos de luz blanca fluían del corazón de la diosa Tara, como espejos de plata, en las noches irisadas de tu querido Himalaya.
Eras libre atardecer, entre odas poéticas y cantos de sirena. Eras poeta asceta, y caminante errante sin fronteras. Eras halcón peregrino y paloma mensajera, en el río tumultuoso del reloj del tiempo inmemorial.
Te sentías mar de olas, entre finas aguas y hojas plateadas, bajo los árboles sagrados de ashoka, en las noches brillantes de Kashmir. Te sentías alegría de la luna, entre caricias tiernas de palabras, entre tibios susurros de armonías y aleluyas. Te sentías alegría del sol, reflejo de claros manantiales, entre amores dulces y tiernos besos espirituales. Besos irisados de plata, espejos de fuego sagrado y pasión, bajo el inmenso fulgor de la lumbre, impregnados de inmenso calor y de amor.
En tu mirada cristalina, reflejos y espejos de sonrisas divinas. Miradas profundas y hechizadoras, senderos y fuentes de rosas puras. Bajo los colores de un cielo gris, te sentías arcoíris luminiscente, en la plenitud consciente… ¡Blanca plenitud en el absoluto presente!…
Te sentías criatura hermosa, rosa caprichosa en tu lecho floreciente. Te sentías luciérnaga brillante, bajo las luces de las estrellas de Oriente. Te sentías luna roja, embriagada por perfumes de mares, de azahar y rosa. Te sentías jardín dorado de lirios enmudecidos, entre flores blancas de tomillo enverdecido. Te sentías mariposa libertaria, princesa soñadora y adorable musa de los poetas griegos. Te sentías luna graciosa y caprichosa, en tu cuna de seda y satén fino. -¡Qué profunda es tu enigmática conciencia! -clamaban los jilgueros silvestres del jardín celeste.
Pensabas fluir con tu existencia, por el acantilado más abrupto, hacia los mares del eterno olvido. Tú, madre querida y adorada, te refugiaste en tu morada durmiente, con los brazos desplegados al viento de Egipto.
Verdes rayos de esperanza iluminaban tu morada más sagrada. Morada floreciente, templo sagrado de finas estrellas primaverales. Alivio ascético de tu mente, en tu compleja y pragmática plenitud consciente.
Se desvaneció tu mente, como la brisa del viento, en tan sólo un instante. Se desvaneció entre sueños de estrellas nocturnas y utopías hermosas. Sueño tierno de verano, espejismo dorado. Espejismo, de un desierto de cristal, en el que transgredías sentimientos desconocidos para llenar ese inmenso vacío de tu realidad existencial.
Y más allá de tu cuerpo inmortal, estando inmersa en esa burbuja celestial, proyectaste tu mirada hacia la inmensidad. En el atardecer profundo de tus sueños, sentiste tu corazón desplegado al viento de Egipto.
Y en el amanecer enigmático de tus sueños, tu corazón era “luna roja, lirio profundo y rosa” de mis prohibidos sueños…

Maika Etxarri
Copyright página 91

Acerca de palabrasdeluzypaz

Soy un espíritu libre poeta, enarbolando la bandera de la paz y libertad, en este universo existencial. Vivo en el eterno presente, aquí y ahora, bajo el poder del amor, sin la incertidumbre del mañana, sin la esclavitud del nuevo orden establecido mundial. Maika Etxarri Escritora, poeta, blogger y fotógrafa Autora del libro: La rosa del desierto
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