Vuela alto paloma mía

Vuela alto paloma mía

Guardianes del desierto te obsequian, te admiran por tu brava lucha encarnecida en la más absoluta soledad. Pacifista y tolerante, jamás olvidaste el traumático pasado de tu pueblo esclavizado. Esas rachas de viento fresco, que arrancaron páginas de historia vacía, como débiles hojas de sauce viejo.
No dejes que maltraten tus bellas rosas y jazmines dorados por el sol naciente. No dejes que arranquen tus raíces ancestrales, tus entrañas más nobles. Son muy nobles tus ancestros, recuérdalo madre. Recuerda a todos tus hermanos que te quieren, y te adoran, por la esencia de tu entrañable existencia. No consientas que maldigan el día que naciste, ni conjuren tu memoria, ni perjuren contra el nombre de tu amado pueblo. No toleres la vergüenza, ni que se apoderen de tu infinita paciencia. Son pobres almas de fieles, carentes de una migaja de humildad y humanidad existencial. Son falsos profetas, cuyas promesas vanas carecen de los más valiosos y puros sentimientos. Y en sus mentes cobardes piensan llegar a la cima de los dioses del Olimpo. Pero su corazón, madre, es oscuro y traicionero. Es totalmente incierto e incompatible con el hermoso amor verdadero. Ahogan sus penosas existencias en aguas negras amargas, con gargantas enmudecidas por tus sinceras palabras y risas al viento sureño. Son serpientes venenosas que muerden tus entrañas más extrañas. Mas su ambición ciega y desmedida no hallará la paz eterna, ni la paz cautiva. Son débiles ángeles caídos. Perdieron su eternidad luminosa al herirte con sus lanzas blancas, y perfectos cuchillos de acero y plata. Y tú madre, mientras, navegas en tu barca dorada llena de cicatrices y drusas de amatistas moradas. Mas a pesar de tu tormento, consigues anclar a buen puerto en la tormenta gélida de tu alma descarnada. Debes ignorar su extremada ambición ciega, y su falta de compasión en un mundo de desasosiego y cruel traición. Mundo de frágil y tenue sinrazón. Debes ignorar su despechada envidia por tu dulce inmortalidad humana. Madre bodhisattva curarás mis dolorosas cicatrices, borrarás mis tatuajes de sangre, con amor y flores de pasión maternal. Flores de lirios entregadas en cálidos abrazos al destino más cautivo.
Vuela alto, paloma mía, mira alto hacia las cumbres perdidas. Vuela alto águila viajera, tu alma llorosa es la mía. Tu estrella inmaculada es mi guía más ansiada, al llegar la eterna y dulce madrugada. Vuela alto, no te rindas, que la vida es un misterio.
Es tan duro tu sendero, que olvidas los temores y los miedos más severos. Es tan duro su descaro, que olvidan su indiferencia enmascarada hacia ti. Hacía ti, madre, mariposa frágil, rosa fresca de este frío y gélido desierto.
Y tus lloros no se apagan con la fina lluvia de las cumbres elevadas. Tus sollozos son intensos, emotivos y cautivos, en la rueda del samsara.
No te calles, no te rindas, busca el camino luminoso de la vida. Sé tú misma, bodhisattva compasiva, paciente en tu inmenso sentir y sufrir, paloma viajera del tiempo, que es tu tiempo y mi tiempo.
Y tu corazón, madre, alza su voz a los techos celestes: “No sé qué me pasa, quizás sea su ausencia que desgarra mi alma. Quizás no entienda por qué llora el cielo, quizás no comprenda por qué siento miedo; por qué estoy apenada y por qué siento la brisa de los vientos sureños. Quizás sólo sea un preciso momento, un instante tan sólo de ansia desmedida y equivocada desdicha. Quizás tan sólo mi alma esté desvelada por aquellas mentiras injustas y aquellas promesas falsas. Promesas vanas que rompen la paz de mis sueños dormidos, mientras mi ángel de plata protege tus cielos eternos. Etéreos son tus cielos y tus más lindos sueños”.
Madre, no te rindas, busca ese arca milenaria perdida. Busca el secreto guardado por los Templarios que se olvida en la historia y se pierde en tu memoria.
No dejes que acallen tu voz las guadañas acechantes de la dama de la muerte. Y recuérdales, con inmenso fervor, el proverbio indio Greek: “Sólo cuando se haya talado el último árbol, sólo cuando se haya envenenado el último río de la vida, sólo cuando se haya pescado el último pez, sólo entonces descubrirás que el dinero no es comestible”.
Compartes el color de tu piel morena, púrpura dorado de mi alma, con los corazones puros esenios del desierto. A cada instante, tu espíritu bodhisattva renuncia al propio nirvana, a la liberación suprema por compasión hacia todos los seres vivientes. Madre, que tu espíritu compasivo te infunda enorme valor y coraje. La vida es un sueño, dura tan sólo un instante. Tú, mira hacia el ancho cielo en tu vuelo magistral de ángel. Hermoso misterio, que embruja y hechiza sus lánguidos sueños, de vidas vacías, de extraños recuerdos. Hermoso misterio que aleja tus miedos. Miedos que son, en esencia, mis propios miedos.
Eres mi ángel custodio, aquél que protege mi barca a la deriva, en mi humilde morada oceánica de la eterna melancolía. Melancolía que desborda mi ánima infatigable hacia los mares del eterno olvido.
Y tú, eres mi radiante sol y tú, eres mi aterciopelada luna. Mi luna, plateada y brillante, en las noches mágicas de las sombras oscuras, en las noches embrujadas por hechizos furtivos.
No olvides jamás tus alas blancas de terciopelo raso. No olvides jamás tus alas ilusorias si emprendes tu eterno vuelo. Tus alas, plateadas e irisadas, son siempre aire fresco en mi plácida ánima durmiente. Aire fresco en la esencia de tu inmortalidad, en la pura esencia de tu extraña y hermosa libertad.
Y cuando los campos tostados de trigo florezcan de nuevo, sus flores silvestres embargarán de dulces fragancias tus sueños. Tus dulces sueños de princesa esclava en ese misterio. Misterio entrecruzado en un laberinto oculto de pasiones imperfectas.
Y las lámparas de argán, que adornan tu morada y aposentos de princesa enamorada, son fiel reflejo de tus más bellos sentimientos.
Olor a incienso quemado inunda toda la estancia, y tu hermosísima alma inmortal y a la vez humana. Olor a incienso y mirra embriaga tus sentidos de una inmensa serenidad y calma. Aroma de incienso sri sai flora, elixir poderoso en la búsqueda de la eterna luminiscencia.
Al final del oscuro laberinto conseguirás hallar la anhelada felicidad suprema. Alcanzarás el nirvana, estado sublime de paz, en las cumbres nevadas de tu querido Himalaya. Tierras del Himalaya, en tu inefable despertar a la luz, en la iluminación perfecta, en la liberación de todo sufrimiento o samsara. Supremo despertar bajo los cielos de Asia, tras interminables renaceres en los seis reinos de existencia.
Y en el techo del mundo, abandonarás tu espíritu compasivo de bodhisattva camino hacia la dulce inmortalidad.
¡Vuela alto, paloma mía, mira alto hacia las cumbres perdidas! ¡Vuela alto hacia la luz, hacia tu liberación inmortal divina!

Maika Etxarri
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Acerca de palabrasdeluzypaz

Soy un espíritu libre poeta, enarbolando la bandera de la paz y libertad, en este universo existencial. Vivo en el eterno presente, aquí y ahora, bajo el poder del amor, sin la incertidumbre del mañana, sin la esclavitud del nuevo orden establecido mundial. Maika Etxarri Escritora, poeta, blogger y fotógrafa Autora del libro: La rosa del desierto
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