Maestro mío… nuestro amor inmortal

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Maestro mío… nuestro amor inmortal

Khaymas doradas, hacia los techos celestes de la eterna madrugada… Quisiste errar tu frágil destino de mariposa escarlata. Montañas grises en la niebla de tus idas y venidas, insomnios constantes. Viajes de caminos largos por las sendas salvajes, almas inquietas y falsos despertares. Corazones galopando, entre nubes de algodones blancos. Copos que envuelven tus dulces sueños y recuerdos innatos. Amores de giros entrañables. Imaginación y ficción, amor de fantasías, amor de alas libres. Amor de peces tropicales en mares paradisíacos.
Estrellas lucen en el manto aterciopelado. Estrellas titilantes puntean tus sueños, lucen en los rayos eternos de la luz blanca. Miradas frente a frente, ojos brillantes se clavan en tus entrañas. Flechas directas al corazón del poeta, a tu alma y a mi alma.
Somos iguales ante los ojos del Supremo, ante los ojos del mundo de esta tierra nuestra. Somos Uno, fundidos entre suspiros dulcemente cohibidos. Desde el principio, no puedo vivir sin tu aliento, Maestro mío. Amor, eres la droga que recorre mis venas, embargando mi corazón de una extraña sensación dormida, de verano apaciguado. Eres el alimento vital de mi conocimiento interno, embargas mi corazón de sensaciones y sonidos bellos. Sonidos de cascadas de montaña, y océanos transparentes, son tus flechas directas a Brahma.
Flechazos de amores platónicos y amores voluntarios. Lleno de amor está mi corazón extasiado. Impresionada por tus gestos, por tu sumo cuidado, por tu magia e intenso trabajo iniciático realizado.
Polvo de estrellas del universo directo al corazón, sumergido entre rosas rojas de pasión y nardos. Almas gemelas, fusión de estrellas, lluvia de cometas en el cielo inmenso.
Dulces escalofríos recorren mi piel aterciopelada por el viento de tus besos. Tiemblo de frío, amor mío…
Entre flechas transparentes, directas a Jerusalén y Samaria, un nuevo amor ha nacido en este existencial mundo, entre tu alma y mi alma. Mientras, tú y yo nos amamos, con mi tiempo y tu tiempo, bajo el sol, bajo el monte Thabor, camino de Galilea. Luces de neón brillan, alumbran nuestro camino hacia el amor universal. Amores existenciales, reencontrados tras miles de despertares.
Y al final del túnel, una imagen estalla ante los ojos del Ser Supremo, la inmensa luz blanca, la luz de un inmenso corazón solidario. Luz cegadora que impacta, y transmuta, torna el brillo de mi mirada en arcoíris solidario, al ver tu alma en mi alma blanca. Alma de luces e infinitos brillos de plata.
Tormenta de rayos de amor, entre lagos y caminos blancos. Corazones solidarios, enamorados con el murmullo de los ríos calmos.
Corazón sin fronteras te quiero más allá de la muerte. Maestro mío, esenio revolucionario, te quiero eternamente, aunque tu alma escape con el frío invierno a la tierra inmortal de las nieves. ¡Te amo, hijo del sol y de la luna! ¡Te quiero, hijo de la luz blanca, por encima de la tierra y del infinito universo! Te quiero libre, sin cadenas, sin cárceles que enjaulen tu propia existencia humana. Te quiero en libertad amor, como nunca quise a nadie en esta vida. Libertad eres tú, para mí, Maestro. Libertad eres tú, halcón peregrino que sobrevuela mi inefable destino, en mi sendero de plata inmortal. Te amo Maestro mío, eterno corazón dormido sobre un lecho florido de lirios y rosas violetas. Te quiero, entre flores violetas y nardos índicos, entre cielos de terciopelo raso impregnados de titilantes estrellas.
Intensa pasión roja desmedida, escapa desbocada al universo etéreo. Flores de Edelweiss, en tu jardín dorado florecen. Entre sueños, vuelan estrellas plateadas. Almas gemelas reencontradas, tras miles de existencias humanas.
Di un paso crucial por amor, por esa estrella brillante que luce en la oscuridad de tu noche. Estrella que ilumina y traza sonrisas perladas en mi boca, en mis finos labios sonrojados. Estrellas fugaces, Perseidas, vacunan mi intenso amor por ti. Eternamente te quiero vida mía, sin celos, sin agobios, sin prisas. Quiero que sepas que eres mi constelación suprema, mi eterna alma gemela.
El poder del amor es inefable. Fuego sagrado que abrasa la redención de la paz, justicia y solidaridad. Luces de neón fluyen en la oscuridad profunda. Paraísos lejanos, de nuestra inmortal morada, sueñas en la inmensidad cósmica.
Y nuestra mente musical, con bellos sonidos, escapa a los cielos inmensos de las cumbres nevadas. Escapa a los techos celestes de las frías madrugadas, entre sonidos y dulces ecos de montaña. Entre túnicas blancas de lino, entre conexiones de almas magnéticas y eléctricas, nuestra mente escapa. Escapa, entre ecos de suspiros leves, que se escuchan en los días calmos, apacibles de nuestras almas.
Almas reencontradas, sumamente enamoradas, que entrelazan nudos finos de algodones grisáceos. Al fondo eternos silencios, entretejiendo hilos suaves de alas de mariposa estrelladas. Mi lenguaje es políticamente incorrecto, mas no se puede obviar lo visto, ni lo sentido, en el eterno universo de mis sueños indomables. Sueños de sanadora bodhisattva. Sanadora esenia de corazones de paz y sonrisa inmaculada.
Ojos azules brillan en la oscuridad de mis sueños, ojos que dan vida y alientan mi pedregoso camino. Ojos claros, océano transparentes, de eternas noches insomnes, atraviesan mi alma blanca y mi dulce despertar al alba. Despertar profundo a la pragmática realidad existencial.
Gemelos del alma, almas gemelas entre los hijos de la luz. Hijos salvan vidas y vidas salvan almas. Haiku de palabras prohibidas, perdidas entre tormentas eléctricas de pasión y polvo. Tormentas de arena en tu desierto de Judea. Caos inesperado en el corazón del poeta esenio. Corazón que clama amores inmortales, amores maquillados y florecientes, en Qumrán. Amores populares, artes cautivos, bellas brisas de bailes ancestrales. Amores eternos en el fenshui armónico, en la plenitud de la naturaleza lumínica de tus sueños. Armonía, resistencia e intermitencia, enormes losas de piedra caen derribando vallas y fronteras, con una delicada paciencia. Paciencia infinita, creativa, sostiene inmensas losas y piedras de tierra roja. Marte, planeta rojo, llamativo color púrpura escarlata, en tus sueños dormidos. Marte, amarte es la misma esencia en el laberinto perdido. Es un haiku de susurros y palabras, que resuenan su eco profundo en tu amanecer oculto.
Una voz femenina, desgarrada, alza clamores de paz y libertad al eterno silencio dormido. Desde millones de años luz, se oyen sonidos bellos en el universo de tus sueños. Luz blanca en tu universo cósmico. Emaús… tu pueblo, tus raíces profundas, donde tu sangre ardiente recuerda lo más ínfimo, lo más inefable de cada instante vivido.
Eres la alegría de mi vida, cascada fresca de manantial sagrado, que moja mi piel dulcemente aterciopelada e irisada por el brillo azulado, añil de tus ojos divinos.
Y mi corazón se abre, como los pétalos de una hermosa flor de verano.
Bailas al son de tambores africanos, al compás de los vientos sureños. Y encima de las dunas, color terracota, del desierto de Judea, cabalgas en un corcel blanco alado. Destellos naranjas de amaneceres plateados, color ocre y ámbar dorado. Cabalgas buscando la morada de los guardianes secretos de Qumrán. Viejas guitarras suenan a lo lejos, en el hogar cálido de tus sueños afligidos. Dime: ¿Por qué expones tu presencia a los vientos cálidos de mi desierto, en este acantilado abrupto de tus sueños perlados? Tú, estás intentando buscar tan sólo una única verdad. Verdad del universo en este plano existencial. Mas, tan sólo encuentras una nimia soledad. Soledad de frías paredes, donde el poeta contempla absorto, el lento transcurrir del tiempo y del espacio inmaculado. El fuego arde en las hogueras de Qumrán. Tu alma salta alegre, junto a los peces de colores, en los paradisíacos mares tropicales. Y lentamente, exhalas el aire fresco que entra por tu ventana.
Luna sonríe al alba. Al alba florecen amapolas rojas, asilvestradas por la compleja realidad existencial.
Rabí, sonidos suenan asustando tu alma, y tú te preguntas: ¿Dónde está? ¿Dónde está mi dignidad humana? Aquí nadie escucha, ni sonríe, ni abraza tu alma. Con el fino rocío del alba, tu alma despierta a una nueva realidad existencial, en otra dimensión desconocida para nuestra humanidad.
Rabí, desconocida está tu esencia, frágilmente dormida, silenciada por intensos clamores, pidiendo justicia, libertad y solidaridad. Clamores que entrelazan hilos de seda finos, entre tu alma y mi alma. Esencias puras del silencio dormido, almas de bellos sonidos en el despertar del pueblo esenio.
El amor poderoso puede salvar las barreras del tiempo y del espacio infinito, a orillas del mar Muerto. El amor hace explosionar los átomos del universo, provocando llamaradas de fuego sagrado, una auténtica fusión nuclear entre corazones enamorados.
Luces de neón fluyen en la oscuridad de las noches del desierto de Judea.
Y dormida yace tu alma junto a la mía, en un lecho cubierto de plantas sagradas de haoma y fragantes flores de neem. Flores hermosas, rayos de luces, entre rebrillos de soles y lunas… Galileo, Maestro mío: “Vivo cada instante, en el presente actual, bajo la inmensidad de la llama del amor sagrado, bajo el poder de tu inefable magia. Vivo cada instante como si fuera un pedazo infinito de vida, sin la preocupación del pasado, ni la incertidumbre del mañana. Vivo cada instante, en el eterno presente, sin la esclavitud y yugo del nuevo orden establecido en Judea”.

Maika Etxarri
Copyright prosa poética y fotografía

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Acerca de palabrasdeluzypaz

Soy un espíritu libre poeta, enarbolando la bandera de la paz y libertad, en este universo existencial. Vivo en el eterno presente, aquí y ahora, bajo el poder del amor, sin la incertidumbre del mañana, sin la esclavitud del nuevo orden establecido mundial. Maika Etxarri Escritora, poeta, blogger y fotógrafa Autora del libro: La rosa del desierto
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