María de Magdala, bella flor de Palestina

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María de Magdala, bella flor de Palestina

Oscuras y atrapadoras telas de araña. Atrapasueños colgados en las ramas de viejos olivos y olmos asustados. Asustados por viejos clamores, por próximos huracanes y rugidos de feroces leones. Leones del desierto son fieles guardianes de nuestros secretos. Secretas tus palabras, en tus lindos aposentos. Aposentos de princesa dulce, en mis recónditos sueños.
Eres mi musa inspiradora, eres mi cautivadora sirena, en el jardín dorado de mi mundo onírico. Eres prometida del viento. Hija del sol dorado de Palestina que ciega mis ojos hechizados, cautivados por tus millones de estrellas. Cautivos y hechizados por tu embrujo más divino. Y tus poesías embrujan mis sentidos, en la mar… Y el hechizo es el brillo intenso de tus ojos; ojos rasgados por el viento otoñal. En el mar de Galilea, navego entre embrujos y hechizos, al borde del Más Allá. Ojos profundos que ansío. ¡Qué hermoso es tu cantar! Cantos de poesía profunda, e insospechado misterio, al borde del umbral. De ese umbral desconocido y enigmático, ante tanta oscuridad. Oscuridad que aborreces por ser alma luminosa, hija de la luz blanca. Inmensa alma de luz blanca. Luz blanca que transmuta en llama violeta espiritual.
Presientes los elogios, presientes los instantes pérfidos, sublimes y afilados. Presientes dulcemente los instantes de amor breves, alejados de tu pesar. Alejados de tu silenciosa agonía en el samsara. Alejados del palpar de la propia vida, de tu vida y de la mía. Vida que respira brisas y vientos sureños. Vida que escapa de la realidad subliminal. Vida que anhelas y que ansías en tu jardín dorado. Y en cada momento de mi vida, revives tu esencia dormida. Tu esencia y tu propia existencia cautiva. Existencia cósmica, universal y etérea. Etéreos son tus sueños, tus lágrimas dulces y tus más frágiles sentimientos. Sentimientos que se desbordan, como arroyos y lagos en la tormenta.
Y tus efluvios emanan rayos de luz blanca, como cascadas de ríos de lava.
Aparece el dulce arcoíris, en tu atardecer lluvioso, mojado por lágrimas caídas en ese llanto callado. En ése, tu llanto de amor silencioso, que es mi llanto más sagrado. Llanto que derramas suavemente, como cascadas de agua fresca. Cascadas de agua bendita resbalan por tus sonrosadas mejillas. Mejillas perladas, de un rostro apacible y sereno, ante tanta maldad humana.
Tus ojos llenos, repletos de inocencia, contemplan absortos la belleza del color verde esperanza. Esperanza fatua en un mañana sin guerras, sin odios, sin apegos ni aferramientos. Fuente de esperanza en un mañana de paz, de justicia, amor y eterna solidaridad. Esperanza en un mañana, sin lágrimas saladas, sin tormentas, ni truenos, en tu alma y en mi alma. Esperanza en un mañana, de sueños mágicos, de niños inocentes, de colores llenos de sonrisas y estrellas dulcemente aterciopeladas. Estrellas aterciopelan tus sentidos y los míos, ambos en un latido
acompasado, en un instante sublime mágico de amor sagrado espiritual.
María, oyes pájaros carpinteros en las ramas de los sauces llorones. Cantos de jilgueros y aves exóticas te hacen pensar en mí. No te pares a buscar, ni a entender los motivos de mi ausencia. Yo volveré con las manos vacías, en busca de tu cálido amor. Recuerda, si esto hacen a un leño verde, ¿qué no harán a uno viejo?
El halcón peregrino busca la salida del sol. No pretendas ir tras de mí. Correré con la velocidad del rayo, más veloz que el propio sonido. Correré con la velocidad del viento de mi desierto.
María de Magdala, mi alma es fiel reflejo del hechizo de tus ojos cautivos. Ojos profundos que ansío. ¡Qué hermoso es tu cantar! Antorcha que quema el destino, y mi alma deseosa, sigilosa quiere mudar. Tu canto crea un hechizo, mariposa ponte a volar, sigue tu dulce vuelo si quieres libertad, encuentra tu camino poetisa de la mar. Siento yo tu hechizo, me arrastra tu manantial, embrujo que siento opresivo, y su llama incendiaria quiero apagar. Ojos verdes, profundos que ansío. ¡Qué hermosa es tu verdad! Poesía que llora el destino y mi alma deseosa se echa a volar…
María, amada mía, tú eres mi dulce estrella en este paraíso existencial. Mi alma es fiel espejo, donde reflejo un ardiente deseo. Deseo de volar hacia el infinito y buscarte un hueco en el cielo, junto a las estrellas. Sólo deseo, ardientemente, alcanzar una de esas estrellas, traerla conmigo y ofrecerte en ella todo mi cariño, para que descanses el resto de la eternidad en el regazo de su luz incandescente.
María, me hablan tus ojos, entre tantas personas, como un azote del viento, entre tantas alegrías y penas, como el susurro de un álamo que se encrespa hacia el cielo.
Me hablan tus ojos, ese brillo hialino y transparente que trasciende hasta tu alma, esa aguda vivacidad. Aun conociéndote, cada día encuentro algo nuevo en ellos. El verdor de los campos en el valle del Jordán, las aguas cristalinas del río, la intranquilidad de las olas del mar. ¡Qué caja de sorpresas! Me hablan tus ojos, como una fuerza en incesante movimiento, como una llamada de lo inesperado…
Como esa gigantesca ola que rompe contra el acantilado, esa bravura, ese genio, encierra los más insospechados misterios. Como esa niña que llora al sentir la ausencia materna, esos ojos tristes descubren lo que en tu fondo permanece oculto…
Con el susurro de tus lágrimas escarlatas, al fondo, se escuchan dulces sonatas en el silencio. Cuando la llama se apaga, tus ojos son el espejo de tu prodigioso amor. Ante el pozo profundo de tu ser, ahogas el aliento de ese instante, en el que viste cómo el viento arrancó las hojas, ramas de una vida llenas de lágrimas blancas, silencios y amor. ¡Cuánto añoraste tu dulce recuerdo! ¡Y el llegar a ser como aquel frío sentimiento, pura contradicción entre el amor y el odio! Con el susurro de tus lágrimas, al fondo, dulces sonatas en el silencio…
María, la perla valiosa, dentro del laberinto, se convierte con tu magia en bellos cristales de sabiduría plateada. María mi amada, Palestina está viva en tu dulce mirada, llena de verde esperanza. En tu acacia sagrada guardas silencios, esperanzas eternas, luz divina en tu alma. Flores de Palestina son conchas finas de nácar, entre leves suspiros y destellos naranjas. Palestina está viva en tu perla salvaje, en tu imagen divina de princesa escarlata. Sonríes cuando se mecen los árboles, entre finos rayos verde esperanza. Son árboles milenarios de ensueño, flores sagradas en tu inmenso desierto, oasis de amor donde yo escribo mis dulces versos al alba. En este canto, yo imploro por la libertad de nuestro pueblo esenio. Pueblo herido en sus entrañas… Árboles sagrados de ensueño, caen hojas en mil ramas. Pétalos de arcoíris violetas son tinta roja en papiros de plata. Azúcar de caña morena, burbujas dulces en tu mar de plata. Y en el lago de tus sueños, palabras… espumas, rezuman palabras. Palabras bellas al viento, hojas pequeñas en mil ramas…
Espirales de amor infinito, compasiones entre dulces desvelos. Compasión de un pueblo herido, peregrino caminante en la mente de tu desierto. Pueblo errante de los hijos de la luz. Pueblo empapado con lágrimas rotas, de fina arena y escarcha blanca. Sobre las dunas ardientes, khaymas de almas son flechas dirigidas a Brahma. Almas de mentes compasivas, en bellas noches aterciopeladas de Oriente. Entre oasis y espejismos silentes, escucho el rumor de la noche, el susurro de titilantes
estrellas sagradas. Escucho el rápido latir acompasado de tu dulce corazón enamorado, en los amaneceres dorados, entre lirios y jazmines blancos. En la “Ciudad de los Vientos Indomables”, veo lo que nadie siente…; siento lo que nadie oye, en el silencio de la noche… Silencios dormidos, retiros etéreos de hombres esenios. Monjes ascetas, caminantes errantes en el tránsito de la vida. Vidas con huellas tatuadas sobre la fina arena. Huellas sobre las piedras rocosas, erosionadas por el viento cálido del desierto de Judea. Huellas imborrables de mentes apacibles, sobre la arena seca, sobre las rocas y piedras de Galilea. Bellos reflejos de amores compasivos entre sueños caminan, sorteando esfinges doradas sin el yugo del eterno sufrimiento. Caminan descalzos, impasibles, entre bellos cánticos escarlatas. Mantras, de flor de canela en rama, son perlas divinas de rayo esperanza. ¡Om Mani Padme Hum! ¡Om Namah Shivaia!…
Y al fondo, en el oasis, se oye una voz dulce hacia tu atmán: ¡Hija de la luz y del sol, despierta al amanecer con el alba! ¡Renace a la conciencia, renace liberada de todo miedo y apego! Como una ola tranquila, en la fina orilla de la playa; como gotas de lluvia, entre lagos y cascadas. Cascadas de amores, en noches plateadas. Noche, camino de plata hacia el amor absoluto, hacia la mirada inefable de lo Inmenso.
María… ¡Escucha lo Inmenso! ¡Escucha los bellos sonidos del pueblo esenio!… Sonidos son perlas cautivas, con los ojitos abiertos al alma mía. Y tú, sonríes a la dulce brisa. Brisas suaves, entre suspiros leves, rozan mi espíritu en calma. Abluciones sagradas nos purifican, mientras oyes voces lejanas que se escapan en las frías madrugadas.
Tierra de las nieves, tierra mágica sagrada, tierra de tus profundas raíces. Raíces profundas milenarias afloran, despiertan la savia rica de tu bella existencia humana. Ojalá pudiera alcanzar tu alma y tus lindas poesías al alba. Ahora entiendo tu conmovedora historia y tu divina sonrisa perlada. Tu sonrisa… perla de coral fina, en tu amada Galilea. Amatistas violetas lucen en tu pecho divino, brillando en las noches de tus sueños… Sueños de princesa hermosa en el reino de Shambhala, sueños de rosa preciosa en la armonía de Ladakh, sueños apacibles en las noches de Zanaskar.
María de Magdala, quiero regalarte mis dulces poesías al alba. Princesa adorable, quiero regalarte la revelación de mis sueños cautivos, todos mis versos cantados al alma. Princesa amada mía, eres perla de coral fina. Eres felicidad perfecta en mi dulce despertar al alba.
María… amiga mía, paloma blanca, gaviota divina…
Recuerda María, soy flecha del alma, sahm roh en tus sueños dorados. Soy cumbre nevada, soy montaña sagrada de nuestro querido Himalaya. Soy calma apaciguada en tu dulce morada. Soy huella tatuada en la arena de tu desierto. Soy viento huracanado, y expando semillas por el mundo, como suaves pétalos de magnolias. Soy mar de plata, y bebo los vientos frescos de tu océano de cristal.
Recuerda María, quiero que encuentres mi estrella en tu dulce inmortalidad. Mióstenes, la estrella más brillante del universo cósmico, te espera cada noche, para dar brillo a tus ojos tristes, apagados por el miedo. Cristales de cuarzo, en cuencos tibetanos, suenan al fondo de tu morada. Eres mi vida, mi paloma viajera en el tiempo inmemorial. Tu mirada busca el calor de la hoguera secreta, en el lejano desierto de Judea. Se oyen voces de África en la lejanía…
Volaré hasta la niebla que cruza el umbral de la luz del túnel. Siempre te esperaré en el Más Allá, con infinito amor María. Te esperaré en los seis reinos existenciales, en tus incesantes renaceres. Te esperaré en mi mundo espiritual, entre rebrillos de soles y lunas, en el lago de mis sueños sutiles.
María, bella flor de Palestina, recuerda todas mis enseñanzas iniciáticas, recuerda mis bellas palabras en los atardeceres de Judea. Palabras dulces del verbo son misterios ocultos del pueblo esenio. Misterios que impregnan el plasma sutil del universo.
Recuerda mi bella flor de Palestina, todos los hombres y pueblos venimos del mismo árbol sagrado, del árbol sagrado de la vida. En tu ancestral lozanía busco tus raíces, y contemplo admirado tu profundo amor hacia mí. Tus palabras dulces desprenden aromas, fragancias hermosas de flor de loto. Flor de loto que yace, que reposa en el azul océano de cristal. Cristalino y transparente es tu océano. Océano de amor profundo que ansío en mi silencio dormido.
Amada mía: ¡Qué hermosa es tu verdad! ¡Tu mirada es tan profunda y hechizadora! No comprendo cómo soportas mi intenso sufrir, mi profundo sentir… Tan sólo quisiera ser lluvia de gotas de rocío, en tus frías madrugadas. Tan sólo quisiera ser pozo profundo, para que ahogues en él, las tristezas y miserias de este mundo.
María, tu mundo no está muy lejano del mío. Mi mundo inmortal es como el tuyo, un mundo mágico, sobrenatural, profundamente sensible y espiritual. A millones de años luz, ves partir tu vagón del tiempo inmemorial. Vagón del tiempo, vagón de sueños, entre rebrillos de soles y lunas. Tiempo de soles, sueños de lunas.
Tus cabellos negros acaparan mis juicios. Dices que denuncie esos enormes prejuicios, mas no sabes María, ¡cuánto he sufrido! Continuamente he callado mis lágrimas rotas entre señales, entre divinos linajes. He silenciado mis continuos sollozos, entre lágrimas empapadas en sudor y sangre. Sangre ardiente y caliente de mi alma más paciente.
Mis sonrosadas mejillas se acaloran con tu elegante presencia de gacela salvaje, mitad humana, mitad divina. Y tú, amada mía, con perfumes de espigas de nardos, unges mi espíritu en la calma.
María, como hija de la luna, tu corazón enamora al hijo cautivo del sol.
Y el sol brinda a la luna un baile, una danza mágica. Son almas gemelas inmortales, que viven distanciadas eternamente.
El sol alumbra tus días, te sonríe al alma. Mientras, la luna azul hace un guiño de amor divino y te calma.
Corazón floreado, inmerso en pétalos de rosas blancas. Rosas blancas de amor y pasión desmedida… Jardín dorado lleno de jazmines blancos de verano. ¡Rosas y jazmines blancos despertad al ser alumbrados! ¡Despertad con la llama del fuego sagrado! Fuego sagrado de corazones esenios, alquimia de espíritus inmortales a orillas del mar Muerto.
Hija de la luna, los ángeles de luz vienen al encuentro de tu inmortal. No temas, ni atemorices tus frágiles y dulces sueños. El hijo del sol enamora tu frágil esencia dormida, mientras las estrellas plateadas bailan eternamente despiertas. Estrellas fugaces caen sobre tu lecho florido, como pétalos de rosas rojas de amor y pasión. Sol y luna danzan ese espejismo salvaje, espejismo ensoñado de tu corazón extasiado.
Mientras tu espíritu luminoso navega en los mares del cielo y del eterno olvido, nubes blancas de algodón acunan tu alma y abrazan tu frágil corazón dormido. Corazón inmerso, sumergido en un plácido sueño de invierno. Sueño apacible de invierno frío…
María, hoy el techo celeste se tiñe de rojo pasión, rojo celeste de mi dulce corazón. Hoy la luna azul baila al son de mi dolor, en lo alto de Magdala, junto a su cautivo amor el sol. Hoy soñaremos juntos, en un arcoíris blanco y rojo pasión. Hoy cantaremos a los dioses del cielo, alzando nuestra voz, en un estruendoso clamor lleno de amor. Hoy soñaremos espejismos rojos, laberintos azules, en tu desierto de amor. Hoy soñaremos océanos inmensos, océanos de intenso amor. Océanos donde navegan viejos veleros, con banderas rojas en tu corazón. Y con el alma en vilo bailaremos eternamente unidos, acariciando los vientos cálidos sureños. Mas tan sólo, alcanzará la cima el halcón rojo embravecido. Y cuando gane con gallardía al águila azul, todos alzarán un inmenso clamor al hijo cautivo del sol, de tu sol y mi sol. Rugidos feroces acechan mis sueños en el desierto prohibido, prohibido y desvanecido. Hoy, al atardecer de este breve instante, instante sublime y mágico, sentirás con inmensa alegría que tu sueño dulce, tu frágil espejismo rojo, es también el mío. Espejismos de sueños rotos, de intenso amor cautivo. Amor rojo prohibido, celeste pasión entre dos eternos hijos de la luz. Espejismo rojo pasión del hijo del sol y la luna, en el valle de Cedrón.
Y se liberan lágrimas en cascadas finas, de manantiales claros, por tus bellas y dulces mejillas, levemente sonrosadas y divinas. Largas pestañas ocultan tus ojos ávidos de inocencia perdida. Inocencia perdida y cautiva. Ojos llenos de esperanza en un mañana. Ojos de la dama del sol y de la luna mágica. Esperanza, dulce canto que se escucha al fondo, al amanecer con el rocío del alba.
María, flor de Palestina, brillantes son tus bellos ojos, transparentes como el cielo etéreo. Cielos etéreos que envuelven mis sentidos más intensos. Ojos celestes brillan en la inmensidad del universo. Ojos radiantes, que abren las puertas, son eternas ventanas del alma abiertas. María, tus ojos son fiel espejo de tu alma, tus ojos son reflejo de tu inmensa luz blanca.
Jamás olvides tu dulce inmortalidad. Jamás olvides tu dulce bondad. Bondades que lloran los pueblos hermanos, en la lumbre, hoguera de nuestro cálido amor.
Si cruzas las interminables fronteras, si derribas los elevados muros de tu humilde corazón de poeta, no olvides jamás cumplir tus promesas. No olvides jamás mi perdón. Cielos transparentes en el cielo de tu memoria. Cielos límpidos, rebosantes de aire fresco. Aire que exhalas, en cada breve respiración que inhalas. Cordón de luz plateado une tu alma al techo celeste, en el sendero de tu dulce inmortalidad humana. Inmortalidad humana y divina en el camino de las nubes blancas…
Burbujas de paz envuelven tu corazón eternamente, como una flor irisada al sol naciente. Burbujas de paz se expanden, en un espejismo rojo pasión, de Oriente a Occidente. Espejismo de tierno amor. Amor de fuego sagrado entre el hijo del sol y la prometida del viento, en el valle de Cedrón.

Maika Etxarri
Copyright prosa poética y fotografía

Acerca de palabrasdeluzypaz

Soy un espíritu libre poeta, enarbolando la bandera de la paz y libertad, en este universo existencial. Vivo en el eterno presente, aquí y ahora, bajo el poder del amor, sin la incertidumbre del mañana, sin la esclavitud del nuevo orden establecido mundial. Maika Etxarri Escritora, poeta, blogger y fotógrafa Autora del libro: La rosa del desierto
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