Poeta testigo de nuestro amor

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Poeta testigo de nuestro amor

Hijo de la luz fuiste testigo y cómplice de nuestro amor inefable y prohibido. Amores cautivos de flores, amores de corazones candentes. Amores de soles dormidos, de lunas despiertas, de intensos clamores. Amores de pasiones ardientes, de lunas fervientes, de noches resplandecientes. Entre constelaciones y lluvia fugaz de Perseidas, brillaban cristalinos fulgores y noches azules de intensos amores. Amores de soplos de luz, y tenues susurros, entre suaves rayos celestes, bajo el azul naciente. Entre candores de lunas fervientes, presenciaste el cálido calor de nuestros pétalos abiertos en flor. Pétalos de bella flor, impregnados en luz y amor.
Pensé que eras mi afable presencia, el buen nombre que representas, testigo fiel de nuestro amor. Pero eras tan sólo un príncipe destronado, actuabas como un niño, con la inocencia perdida. Un niño poeta, entre brillantes florecillas, entre perfumes invisibles, entre amarillentas hojas de álamos blancos. Eras mi anhelado pajarillo, un colibrí volando sobre nuestras sombras de amor cautivo. Entre sombras amadas y luces apagadas, amigo poeta eras pura melancolía. Y yo quiero en ti, un hermano protector, que guarde mis secretos, que siembre el amor en el jardín dorado de mi pueblo. Y yo quiero en ti, un poeta sincero, que defienda nuestro intenso amor prohibido, que sea testigo fiel de nuestro ardor y pasión. Más allá de las
fronteras, encontrarás la inefable quietud de éste, mi paraíso, mi reino dormido, de este reino inmortal de Shambhala. Reino hechizado con música de joyas de loto y ninfas doradas. Flores de ninfas cantan serenos aleluyas, entre lluvias lentas, entre caminos de nubes blancas.
Niño poeta, oigo gritos constantes en los acantilados abruptos de tu eterno inconsciente. Quisiera poder abrazarte, de manera cálida, en mi regazo caliente e incandescente. Quisiera dar brillo, ternura y compasión a tus ojos ávidos, al fulgor de tu mirada, al mundo de tus sueños prohibidos. Quisiera alejar de tu mente esos barcos de oro, esas sombras sin luces, esos días sin sol y sin llamas. Quisiera llegar a ti, a tu propia voz interior, a tu atmán interno. Tus silencios dormidos alejan mi alma hacia el universo etéreo.
Amigo poeta, pienso a menudo en la muerte, en el fin de esta pura materia. Pienso en la rueda del samsara, en el sendero óctuple, en los seis reinos de existencia. Confío en que mi energía vital, mi espíritu inmortal se eleve hacia las cumbres elevadas del eterno Himalaya. Cumbres de paz omnipotente, blancura llena de perfección en los cuatro estados luminosos de la mente.
En la tierra de las nieves, en el reino de Shambhala, músicas antiguas de metal se oyen en la lejanía… Y todo el sufrimiento del samsara se aleja de mi extenuado corazón. Hermano poeta, eres parte de mi ser y de mi conciencia herida. Eres parte de mi lábil memoria, y de mi propio Yo existencial. Placeres inconfesables, dulces melancolías creas con el latido de tu sueño. En ti, encuentras una señal, un cielo injusto de memorias.
Mil palabras en un texto albergan un sentido mágico, en las raíces profundas del amor. Raíces de un amor sincero, como ojos de secretos, como llamas de fuego fatuo, bajo la luna azul. Luna azul silente, en tu cielo omnipresente.
Hijo del desierto, cubres tus ojos con un antifaz morado en el palacio de los cisnes dorados. Es una máscara imperfecta que señala y burla tu identidad. ¿Qué encuentras en el fondo? Una sola palabra te golpea, nada te importa más, sólo el amor platónico pudo darte felicidad.
Y yo guardo gratos recuerdos de tu infancia perdida. Esa inocencia cautiva que aún reverbera el silencio dormido, e impregna mi ser de una brillante luz interior.
¡Qué lejana está tu pureza! ¡Qué lejana está tu consciencia y el latido de tu pequeño corazón! Hermano poeta, en el reino del pequeño colibrí habitan mis sentimientos más nobles, mi ternura, amor y compasión. ¡No puedes imaginar cuánto te quiero! ¡No puedes imaginar cuánto es mi sufrir, por tus reproches constantes y por tus silencios rotos en la mar!
Sonidos de cuencos tibetanos, de metal y cuarzo blanco, se oyen en la lejanía…
Hermano mío, yo te quiero y tú lo sabes, lo sabemos hoy, aquí y ahora, en el eterno presente.
No creas que mi amor por María de Magdala es fruto de una locura apasionada. Es un amor de siglos, de senderos de magia. Es un amor recíproco, de versos cantados al agua. Es un amor de poetas, de dulces sonetos, de palabras de amor, palabras… Es una lluvia incesante de estrofas plateadas. Es un amor entre almas puras, de amaneceres tibios al alba. Es una música sin sonidos, una canción para recordar mañana. Es un perfume invisible, etéreo, de miradas de éxtasis bajo las gélidas montañas. Es un amor apacible de horas nonas, bajo árboles y hojas de ashoka. Es un amor de vientos y destinos inefables, en interminables horas matinales. Es un amor de dos corazones esenios, sobrevolando las arenas del desierto de Judea. En este amor puro y neto no existen muros infranqueables, ni vallas, ni fronteras. Es un amor puente entre dos corazones, para alcanzar esas nubes que se escapan al techo divino celeste. Es un amor dulce, como algodones de azúcar de caña, que brilla con los rayos iluminados al alba. Silencios rotos, no hay sonidos, sólo ecos de dulces despertares al alma. Amores son dulces despertares, entre silencios de cinamomos, en el valle de Hinnom. Despertares de amores esenios, entre silencios eternos, frente a las puertas sagradas de Jerusalén.
Y en el monte de los Olivos, yo descanso plácidamente, sobre la hierba del camposanto. Seguramente hermano poeta, mi ser se perderá en el olvido, cautivo de este horizonte lejano. Pero quiero que sepas, que yo jamás volveré a ser él mismo. Cerraré esta puerta abierta, y con candados de hierro clausuraré las traiciones en mi pasado.
Sillones de piel aterciopelada acomodan mi ligero adormecer en la falda del Olivete. Y mi esencia yace durmiente en un campo de amapolas somníferas, en los límites de la realidad pragmática.
Una manta de terciopelo grisáceo cubre la frialdad de mi noche. Noche de sombras, noche silente. Noche profunda en la falda del Olivete…
Oigo los pasos del tiempo. Entre silencios atisbo un brillo en tus ojos. Es tan dulce esa mirada que olvido tu indiferencia hacia mí. ¡Es tan fácil el perdón cuando aún brilla la llama del amor!
Y entre suspiros leves, se oyen las olas del azul mar de Galilea. Mar de Galilea: ¡Quiero verte, quiero sentirte muy cerca de mí! ¡Mar profundo, azul de amor inmenso! ¡Azul océano, en mi alma y en tu alma!
Una palabra de amor escapa, entre sonidos de cuencos tibetanos, al palacio de los cisnes dorados. Palabras de amor, sólo palabras, escapan al eterno reino de Shambhala.

Maika Etxarri
Copyrigjt poesía y fotografía

Acerca de palabrasdeluzypaz

Soy un espíritu libre poeta, enarbolando la bandera de la paz y libertad, en este universo existencial. Vivo en el eterno presente, aquí y ahora, bajo el poder del amor, sin la incertidumbre del mañana, sin la esclavitud del nuevo orden establecido mundial. Maika Etxarri Escritora, poeta, blogger y fotógrafa Autora del libro: La rosa del desierto
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