Los “Sin Techo” tienen un nombre y una historia

Los “Sin Techo” tienen un nombre y una historia

Hay realidades que deben ser conocidas. Hace unos años vi un documental basado en un vagabundo llamado Manolo. La verdad que es sobrecogedora la historia de este ser humano tierno y humilde, su recuerdo me quedó grabado en mi mente y en mi corazón.

Durante tres años, el director acompañó día y noche a Manolo, incluso hasta el mismo lecho de su muerte. Fue un auténtico testimonio de cómo es la vida de un vagabundo, de sus sentimientos y pensamientos, de cómo van pasando las horas en plena calle, sin el calor de una familia, sin el calor de un hogar. Un homenaje a estas personas que sufren en silencio, a quienes la sociedad margina por el simple hecho de ser pobres, de no tener dinero. Pasamos a menudo delante de ellos, bajando nuestras miradas al suelo para no enfrentarnos a la auténtica realidad de nuestra sociedad consumista y materialista.

Sus ojos tristes reclaman tan sólo un poco de ayuda, caridad, justicia y dignidad humana. Con sus almas apenadas lloran lágrimas de soledad, de abandono, en un mundo donde sólo se valoran los bienes materiales y la posición social. Siempre debemos tener presente a estas personas sin hogar, vagabundos perdidos en calles sin un techo donde cobijarse.

¿Cómo ayuda el Gobierno a los sin techo? ¿Cómo ayudamos la sociedad, cada uno de nosotros, a estas personas? Olvidamos que también junto a nosotros existe la pobreza, no hay que irse lejos, a otros países del tercer mundo, la pobreza está en nuestras propias calles y miramos hacia otro lado para lavar nuestras conciencias.

Cuando hablamos de una persona sin techo, nos imaginamos un individuo sucio, mal vestido, que huele muy mal, arrastrando un carro lleno de ropas viejas, cartones y bolsas. Pensamos en un individuo hecho polvo, agarrado a una botella de vino y que habla en voz alta borracho, y hasta alcanzamos a verlo durmiendo en los portales de alguna iglesia o en algún cajero automático, cuando no lo esquivamos o desviamos la mirada para no sentirnos afectados. Lo que define a esta persona es la falta de un techo.

Si hablamos de una persona sin hogar, también nos referimos a aquellas personas que si bien tienen un techo les falta todo lo que supone vivir en un hogar verdadero. Malviven quizás en algún albergue o en una pensión barata de ésas que se pretende eliminar para poner guapa a la ciudad, pero carecen de las mínimas condiciones de vivienda que les permitan vivir con dignidad, el calor de una familia o de amigos.

Hay muchas personas que no tienen un hogar, pero están ocultas puesto que la soledad, el sufrimiento y la angustia se pueden disfrazar. Es difícil encontrar en los medios de comunicación alguna noticia que haga referencia a las personas sin hogar, a no ser para hablar de algún acto violento o de alguna muerte -digo alguna porque de la mayor parte de las muertes de los pobres y de los excluidos ni se habla-.

¿Se puede hablar de culpables? Si observamos el funcionamiento social, nos damos cuenta que casi siempre las personas excluidas han llegado a esa situación empujadas por las circunstancias que les ha tocado vivir.
No podemos pasar por alto las causas estructurales económicas. Las dificultades para acceder al mercado de trabajo. Las grandes empresas se han enriquecido a costa de los trabajadores de este país o de otros, que a duras penas pueden llegar a fin de mes. Pero como estamos en una sociedad de bienestar y parece impresentable tener tantas personas en situación de indignidad, nos hemos inventado las Pensiones No Contributivas y el PIRMI (Renta Mínima de Inserción) que oscilan entre las 38.000 y las 44.000 Pts/mes.

¿Quién es el héroe que puede vivir con este dinero al mes, pagándose una habitación o una pensión y teniendo que comer, vestirse…? Evidentemente, esto no puede hacerlo nadie y las ONG tienen que estar detrás, ofreciendo apoyo para que la gente no termine en la calle.

Gastos suntuosos o hasta faraónicos en mil guggenheims diversos, en aperturas de tiendas como El Corte Inglés. Es como si se cumpliera una vez más aquello de que para que haya ricos, necesariamente tiene que haber pobres, porque la riqueza es un término relativo a la pobreza. Así pues, lo que hace la Administración es dar respuestas aisladas y descoordinadas, tratando de poner parches para que no estalle el globo.

Los sin techo tienen un nombre y una historia, pero también tienen unos derechos que a menudo hemos dejado aparcados a un lado y que hemos de ayudarles a recuperar.
Mi solidaridad y mi afecto con todas las personas sin techo.

Maika Etxarri

Acerca de palabrasdeluzypaz

Soy un espíritu libre poeta, enarbolando la bandera de la paz y libertad, en este universo existencial. Vivo en el eterno presente, aquí y ahora, bajo el poder del amor, sin la incertidumbre del mañana, sin la esclavitud del nuevo orden establecido mundial. Maika Etxarri Escritora, poeta, blogger y fotógrafa Autora del libro: La rosa del desierto
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