Cuatro niveles diferentes de Multiverso, Max Tegmark

El multiverso sería el conjunto de los diferentes universos que coexisten con el nuestro. Es decir, mientras nosotros estamos en este mundo, quizá una réplica muy parecida a nosotros, está viviendo bajo otras circunstancias en su propio mundo, similares pero siempre diferentes. ¿Estamos compartiendo existencia con otros universos? Esta hipótesis, así como la relación que podría establecerse entre estos universos, trae de cabeza a buena parte de la comunidad científica.

El concepto de Multiverso aparece en diferentes contextos que van desde la física cuántica hasta la teoría de cuerdas. De hecho, la profusión teórica de multiversos ha llegado a ser tal, que Max Tegmark -cosmólogo y profesor del MIT- ha propuesto una jerarquía a modo de muñecas rusas compuesta de multiversos. Una auténtica Guía del Multiverso.

Nivel I

Antes de navegar en los procelosos océanos del Multiverso debemos saber bien que entendemos por universo. Para la cosmología moderna nuestro universo consiste en una infinita porción de espacio tiempo que se expande aceleradamente a partir de un fenómeno violento y muy energético llamado Big-Bang. Regiones suficientemente lejanas de este espacio tiempo han evolucionado de manera diferente desde el estallido. Pero esta visión del cosmos esconde un auténtico multiverso en su interior y ello debido a un simple hecho físico: la velocidad de la luz es finita. Aunque corre como el superveloz flash, la luz necesita un tiempo considerable para transitar las grandes distancias del universo. Desde el Big-Bang han transcurrido unos catorce mil millones años, luego la luz emitida por cualquier galaxia situada a una distancia mayor de catorce mil años-luz no ha tenido tiempo aún de alcanzarnos. Podemos entonces definir alrededor nuestro una región de unos catorce mil millones de años-luz de radio (en realidad es mayor debido a la expansión) que marca nuestro universo observable, o más técnicamente, nuestra “Esfera de Hubble”. Cada hipotético observador en el universo tiene su propia esfera de Hubble y cualquier región del espacio más allá de esta esfera es como otro universo independiente e inaccesible, como las tierras de dragones que aparecían más allá del mundo conocido en los mapas de navegación medievales. Es el multiverso de nivel I, un conjunto infinito de regiones -de esferas de Hubble- desconectadas entre si, pero que comparten el mismo espacio tiempo y las mismas leyes de la naturaleza. Nuestro universo no sería más que una minúscula fracción de este multiverso de tipo I.

Que haya otros universos por ahí campando puede parecer inquietante, pero nada comparado con el resultado de un artículo publicado en 2001 por los cosmólogos Alex Vilenkin y Jauma Garriga. Basándose en principios muy básicos y contrastados de física cuántica, demostraban que el número de historias posibles que puede seguir cada uno de estos universos es extremadamente grande, pero no es infinito. Así pues, habitamos un multiverso con infinitas regiones pero donde cada una de ellas ha seguido un historia concreta entre un número finito de posibilidades. Esto lleva de manera incontestable a que existan regiones muy alejadas donde se deba repetir exactamente la misma historia que en nuestro universo, con pequeñas o incluso ninguna variación. Según los autores, nuestro multiverso está poblado por Tierras idénticas a la nuestra o con leves variaciones habitados por seres exactamente como usted y que en estos momentos están leyendo un artículo como éste. Si su nivel de aguante se ha desbordado ya, puede abandonar la lectura de este artículo sin cargo de conciencia. En alguna región de este multiverso habrá una copia exacta de usted que continúe hasta el final.

A pesar de su variedad, todos los universos que componen el multiverso de nivel I tienen un aspecto importante en común: todos ellos presentan las mismas constantes de la naturaleza, es decir, la masa del neutrón es la misma aquí y en la China de cualquier Tierra duplicada allende el cosmos. Este hecho, que podría incluso entenderse como de cierta salud mental, ha inquietado a los cosmólogos desde hace épocas. ¿Por qué? Pues porque no solo la masa del neutrón, sino la gran mayoría de las constantes que caracterizan la naturaleza parecen especialmente diseñadas para que existamos. Por poner solo un ejemplo, bastaría que la masa del neutrón fuera menor en un 0.2 % para que ningún núcleo atómico pudiera llegar a ser estable. Pareciera que nuestro universo fuera un perfecto guión de cómics escrito para que seamos los protagonistas. En las últimas décadas se han desarrollado teorías que intentan explicar aspectos como el origen del universo (teoría de la inflación eterna) o su naturaleza (teoría-M). Entre sus conclusiones, todas estas teorías deducen la forzosa existencia de infinitos universos naciendo, evolucionando, y muriendo de manera espontánea, en lo que algunos casos se define como vacío, y en otros incluso como la “nada”. Cada uno de estos universos tendría su propio Big-Bang, compondría su propio multiverso de nivel I, pero poseería aspectos de su naturaleza radicalmente diferentes al nuestro, como el tipo de partículas, o incluso el número de dimensiones. Ya no seríamos los protagonistas de un único universo que parece hecho a nuestra medida, sino que existiría todo un paisaje de universos, la mayoría completamente diferentes al nuestro e incompatibles con la vida tal y como la entendemos. Este conjunto de hipotéticos multiversos conforman el nivel II en la escala de Tergman.

Un nuevo desdoblamiento de universos surge en el marco de la física cuántica, capaz de describir el mundo microscópico con la precisión de un reloj suizo. En este pequeño mundo las leyes son muy diferentes a las que dominan nuestra vida cotidiana. Por ejemplo, la posición de una partícula en el espacio, su velocidad, o cualquier otro parámetro observable, puede a priori tener cualquier valor posible, cada uno acompañado de una probabilidad característica. Para la cuántica, el mundo microscópico es como una baraja de cartas, cada carta representa un estado posible de la partícula, pero no todas tienen igual probabilidad de salir. Cuando en un laboratorio se mide alguno de estos parámetros se obtiene un valor y solo uno de toda la multitud de valores posibles. Pero, ¿por qué uno y no otro? Pareciera que el observador, al medir, se quedara con una sola carta de la baraja y el resto se desvaneciera extrañamente. Esta cuestión atrajo interpretaciones de toda índole pero la más revolucionara fue la que centró la tesis doctoral de Hugh Everett III. Everett se atrevió a lanzar una idea tachada por muchos de ciencia ficción. Siguiendo con la analogía de la baraja: ¿y si cada carta de la baraja representara una realidad diferente de la del resto?, es más, ¿y si cada una de estas realidades tuviera su propia copia del observador? En este caso, dependiendo del universo o realidad en la que se encontrara cada observador a la hora de medir, solo obtendría el resultado propio de su universo, es decir, solo sacaría la carta de su realidad. Así pues, según esta interpretación existen infinidad de universos muy similares o muy diferentes entre sí, con diferentes copias de todos y cada uno de nosotros y en el que cada vez que tomamos una decisión, nuestra replica paralela ha tomado la contraria, o incluso alguna que no habíamos barajado.

Pero a pesar de esta infinidad de universos, todos ellos comparten algo en común: las leyes de la física. La física cuántica, la relatividad general, y en general las leyes últimas que gobiernan la naturaleza se mantienen como una constante, como un hilo en el que se ensartan todos los universos posibles. Pero, ¿por qué quedarse aquí?, ¿por qué no concebir otras jerarquías de multiversos con leyes diferentes? ¿por qué no imaginar un conjunto de universos en los que no exista la física cuántica, o donde el tiempo avance de manera discreta y no continua? Este es el nivel IV del multiverso – el multiverso matemático – Para Tergman las matemáticas son el verdadero germen de cada familia posible de multiversos. Cualquier ley física se reduce a un conjunto de ecuaciones. Este último nivel correspondería a familias de multiversos gobernados por diferentes estructuras matemáticas.

Si dentro de la infinidad de duplicados que de usted hay por ahí es de los que ha llegado al final de este artículo, habrá comprobado que el concepto de multiverso de los comics queda convertido en el mecanismo de un chupete si lo comparamos con la complejidad del multiverso científico. También es posible que haya llegado a la conclusión de que la cosmología actual está en manos de una sociedad secreta de guionistas con el oscuro objetivo de hacer creíbles sus argumentos. Eso ya depende de usted o de alguna de sus infinitas réplicas. En cualquier caso, si alguna vez se encuentra con un Superman negro defendiendo al proletariado, sepa que probablemente sea verdad… en algún sitio.

Acerca de palabrasdeluzypaz

Soy un espíritu libre poeta, enarbolando la bandera de la paz y libertad, en este universo existencial. Vivo en el eterno presente, aquí y ahora, bajo el poder del amor, sin la incertidumbre del mañana, sin la esclavitud del nuevo orden establecido mundial. Maika Etxarri Escritora, poeta, blogger y fotógrafa Autora del libro: La rosa del desierto
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