Egipto y el cinturón de Orión

Egipto y el cinturón de Orión

Orión, (el Cazador), es una constelación prominente, quizás la mejor conocida del cielo. Sus estrellas brillantes y visibles desde ambos hemisferios hacen que esta constelación sea reconocida universalmente (visible durante el invierno en el hemisferio norte, verano en hemisferio sur). Orión se encuentra cerca de la constelación del río Eridanus y apoyado por sus dos perros de caza Canis Maior y Canis Minor peleando con la constelación del Tauro. En la mitología griega Orión fue un gigante que, según algunas versiones, nació de los orines de los dioses Zeus, Poseidón y Hermes. Otra leyenda cuenta que Orión acosaba a las Pléyades, hijas del titán Atlas, por lo que Zeus las colocó en el cielo. Todavía parece que, en el cielo, Orión continúa persiguiendo a las Pléyades. En la Mitología egipcia la estrella de Orion estaba asociada al dios Osiris (estrella Sirio).

Brasseur creía que existió una antigua civilización de navegantes mucho antes de que aparecieran las primeras ciudades en el Oriente Medio y que sus marineros llevaron su cultura a todo el mundo. También creía que formaba parte de su religión el culto a Sirio, la estrella perro… lo cual se anticipaba a los descubrimientos que Marcel Griaule y Germaine Dieterlen hicieron entre los dogon en el decenio de 1930.

Sirio y los Dogon

Una tribu africana, la de los dogon (en Mali), sabe desde hace mucho tiempo que Sirio, la estrella perro, es en realidad una estrella doble, con una compañera «invisible». Según los dogon, su conocimiento de Sirio B -a la que llaman «estrella digitaria»- se lo dieron unos seres parecidos a peces llamados los Nommos, que llegaron de Sirio hace miles de años

Los astrónomos sospechaban la existencia de esta estrella compañera, Sirio B, desde que en el decenio de 1830 Friedrich Wilhelm Bessel observara las perturbaciones en la órbita de Sirio y sacara la conclusión de que debía de haber una estrella increíblemente densa pero invisible: lo que ahora denominamos «una enana blanca». los dogon parecían conocer el sistema solar con una sorprendente riqueza de detalles. Sabían que los planetas giraban alrededor del sol, que la luna estaba «seca y muerta», que Saturno tenía anillos y Júpiter tenía lunas.

Sirio y Teotihuacán

Puede que otro descubrimiento de Hawkins nos parezca todavía más significativo. Tras introducir los datos en su ordenador, descubrió un alineamiento con Sirio, la estrella perro, que, como ya hemos visto, en Egipto se asocia con Isis y que los dogon de Mali saben que tiene una compañera invisible, Sirio B. Graham Hancock visitó Teotihuacán y reflexionó sobre sus misterios. Al igual que gran número de recientes autoridades en la materia, dijo que no le cabía ninguna duda de que la planta es astronómica

Las calles forman una cuadrícula (que mide seis kilómetros y pico de un lado a otro), se cruzan en ángulos de 89 grados en vez de 90. Además, la cuadrícula no está alineada con los cuatro puntos cardinales, como cabría esperar, sino que se tuerce hacia un lado de tal manera que la Calle de los Muertos se extiende del norte al nordeste y señala la posición de las Pléyades.

Si la tradición según la cual Viracocha fundó la ciudad sagrada de Teotihuacán se basa en la realidad, entonces Teotihuacán fue también como mínimo «proyectada» al mismo tiempo que las pirámides de Gizeh, y el conocimiento que se encarna en su trazado geométrico fue traído de una civilización que se hallaba en trance de destrucción.

Ahora sabemos que los egipcios concedían especial importancia a Sirio, la estrella perro, y a la constelación de Orión, en cuya parte trasera se encuentra. También sabemos que el abad Brasseur estaba convencido de que Sirio era la estrella sagrada de los mayas. Tenemos razones para creer que la araña de la llanura de Nazca representa la constelación de Orión, que tenía igual importancia para los egipcios.

A medida que van acumulándose «coincidencias» como éstas, se hace cada vez más difícil no sacar la conclusión de que las civilizaciones del norte de África y de la América Central y la América del Sur tenían algún origen común y que este origen común se halla tan profundamente enterrado en el pasado que nuestra única probabilidad de entenderlo reside en descifrar las señales leves, casi invisibles, que ha dejado.

Egipto y el cinturón de Orión

Bauval reconstruyó los cielos en el 2500 a. C. y descubrió que el «pozo de ventilación» meridional que salía de la Cámara del Rey señalaba directamente el Cinturón de Orión, a la vez que el pozo parecido que salía de la Cámara de la Reina que había debajo señalaba la estrella Sirio, a la que los egipcios identificaban con Isis, del mismo modo que identificaban la constelación de Orión con Osiris.

Estos lineamientos convencieron a Bauval de que la pirámide fue realmente construida cuando los egiptólogos piensan que fue construida. También recordamos que la única vez que las posiciones de las tres pirámides en el suelo reflejan las posiciones de las tres estrellas del Cinturón de Orión es el 10500 a. de C., año en que Orión está más cerca que nunca del horizonte meridional del «ciclo precesional», que dura 25.920 años. Después de eso, Orión parece subir muy despacio por los cielos y, en 2500 d. de C., habrá alcanzado su punto más alto y empezará a descender de nuevo.

Los egipcios llamaron a esa vez anterior, la del 10500 a. de C., Zep Tepi, la «primera vez», y la identificaron con una especie de edad de oro, el principio de una nueva época. Bauval y Hancock presentan buenos argumentos a favor de la tesis de que se refiere a una parte concreta del cielo: aquella zona donde Orión y Sirio podían verse en la «orilla derecha» de la Vía Láctea en el 2500 a. de C. Y tenía importancia sólo en el momento del solsticio de verano, el momento en que Sirio salía al amanecer y señalaba el desbordamiento del Nilo.

Por medio de un detallado examen de los mitos egipcios, babilónicos y dogon, el Dr. Temple afirma que existió un contacto con seres provenientes del sistema solar de Sirio en la región de Sumeria, aproximadamente en el año 4500 antes de Cristo. Los pueblos de aquel entonces incorporaron a sus mitologías tal encuentro y los conocimientos obtenidos a través de él, y con el tiempo sus tradiciones se expandieron hacia otros lugares, llegando sus rastros hasta nuestros días.

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Acerca de palabrasdeluzypaz

Soy un espíritu libre poeta, enarbolando la bandera de la paz y libertad, en este universo existencial. Vivo en el eterno presente, aquí y ahora, bajo el poder del amor, sin la incertidumbre del mañana, sin la esclavitud del nuevo orden establecido mundial. Maika Etxarri Escritora, poeta, blogger y fotógrafa Autora del libro: La rosa del desierto
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